viernes, 11 de abril de 2014

ROMA: CINCO IGLESIAS QUE ESCONDEN MISTERIOS Y LEYENDAS

1-El Papa negro de San Pablo Extramuros...

San Pablo Extramuros es la grandiosidad, espacios enormes y frescos que invitan al paseo y a la meditación en solitario mientras se contemplan las decoraciones en pan de oro, los frescos y mosaicos pintados al óleo y los techos artesonados.
La basílica de estilo románico, bizantino y gótico, está situada a las afueras de Roma, en la vía Ostiense, cerca de «Las tres fuentes» donde dicen que San Pablo fue martirizado. Fue mandada construir en el siglo IV por Constantino y es considerada una de las cinco iglesias más antiguas de Roma.
En su patio exterior, en el claustro del monasterio formado por 150 columnas y, sus verdes jardines con palmeras conducen al viajero hacia una estatua de San Pablo -obra de José Obici- del que se dice se encuentran sus cenizas dentro de la Basílica.
En el interior de la misma se disponen cinco naves y un Arco Triunfal bajo el que se sitúa Cristo en el centro y a ambos lados las esculturas de San Pedro y San Pablo. En los laterales, entre las ventanas y las 80 columnas de mármol, se encuentran representadas en escudos las caras de todos los Papas muertos.
Cuenta la leyenda que solo quedan un par de huecos más para situar a los próximos Pontífices y el último podría ser el Papa negro, con el que terminará la vida en la Tierra, tal y como auguró Nostradamus....
2-Nieve en Santa María La Mayor

Santa María La Mayor es el orden entre el caos del tráfico y el ruido en las callejuelas dispuestas en torno a la estación central de Termini.Es el punto de partida para el viajero que llega a Roma ávido de Historia, anécdotas, caminos empedrados y cultura a raudales.
Tal y como la conocemos, fue construida en el monte Esquilino en el año 432 con el Papa Sisto III y aún conserva su estructura original paleocristiana. De hecho, lo primero que percibe el peregrino al llegar a la plaza con una fuente frente a la que se erige la basílica es el buen estado en que se encuentra y lo limpia que aún está la piedra.
A la entrada del pórtico, dos fieles se aseguran de que vayas adecuadamente vestido para entrar al templo y de no ser así te ofrecen pañuelos para tapar los hombres y las piernas tanto de ellos como de ellas. Dentro, el mármol refresca hasta a los más calurosos en el verano húmedo de Roma.
En el interior se disponen tres naves separadas por 21 columnas y en el pasillo central, a ambos lados, encontramos un total de 21 ventanas que iluminan en el interior sus importantes mosaicos. Esta decoración sixtina supuso una novedad en la época y no hacía más que reafirmar la divinidad de Cristo encarnado en la Virgen.
Santa María La Mayor presenta además su propia Capilla Sixtina del 1585 y en el museo puede visitarse el pesebre más antiguo del mundo elaborado con estatuas. Se trata de una Adoración de los Reyes Mago en piedra, con el buey y el asno.
Cuenta la leyenda que en el año 352 d.c. Giovanni, un patricio local, y su esposa, que no podían tener hijos, levantaron una iglesia a la Virgen María después de que esta se les apareciera en sueños el 4 de agosto. Más tarde, en el año 360 también se le presentó al Papa Liberio mientras dormía y le habría indicado que allí donde nevara, un 4 de agosto, tendría que construir una basílica. Y así fue cómo se obró el milagro...
3-Calaveras la iglesia de los Capuchinos

La iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de los Capuchinos se encuentra en la famosa Via Veneto de Roma. A un lado de la carretera -en una estrecha acera con árboles- se encuentra, sin duda, uno de los templos más sorprendentes y sugestivos por su fúnebre decoración. Fue mandada construir por el Papa Urbano VIII entre 1624 y 1630 en honor a su hermano Antonio Barberini.
A la basílica se accede subiendo unas escaleras laterales de un edificio de ladrillo. En el interior reclaman absoluto silencio -las dimensiones del templo son reducidas- y un precio de entrada que se ajusta a la voluntad del turista.
Dentro, los huesos de 4.000 monjes capuchinos enterrados entre 1528 y 1870 y recuperados del viejo cementerio de la Orden de los Capuchinos forman parte del mobiliario. Fémur, calaveras y mandíbulas hacen las veces de piezas de lámparas, marcos de cuadros e incluso hacen de paredes en las diferentes capillas.
Cada una de ellas recibe el nombre de la parte del esqueleto con la que se han construído -de los cráneos, de las tibias, de las pelvis- y en algunas de las criptas se encuentran enterrados algunos monjes momificados y vestidos con sus atuendos típicos: el sayo marrón con capucha y un cinturón de cuerda.
Cuenta la leyenda que hasta al propio marqués De Sade la escena rococó le produjo una fuerte abrumación. Algunos dicen que se trata de una obra de los capuchinos como una alabanza a la brevedad de la vida y el cuerpo y un himno a la vida ultraterrena, como denota la frase escrita en el pasillo: «Hic jacet pulvis, cinis et nihil» («Aquí yace polvo, cenizas y nada más»)...
4-La falsa Cúpula de San Ignacio de Loyola

San Ignacio de Loyola es una de las más gratas sorpresas en el viaje por el centro de Roma, en concreto por el Campo de Marte. Se trata de un edificio barroco de 1626 cuya fachada da a la pequeña y estrecha Plaza de San Ignacio, desde donde es difícil tomar una foto de todo el templo. Pero lo mejor espera en el interior.
En el ábside se representan varias escenas de la vida de San Ignacio, como la defensa de Pamplona en la que Ignacio de Loyola fue herido. En la misma el artista jesuíta Andrea Pozzo hizo realidad el sueño de representar una arquitectura de cuatro columnas ficticias.
En el suelo del pasillo central se encuentra un disco dorado sobre el que el turista tiene que situarse y mirar hacia arriba. Allí contemplará una de las cuadraturas del artista Andrea Pozzo, la simulación de un segundo templo, sobrepuesto sobre el primero, el real.
Un poco más adelante, cerca del altar, sobre otro punto en el suelo y mirando hacia el techo, el visitante puede admirar una de las maravillas de la perspectiva. Lo que parece una cúpula que levanta la iglesia hacia arriba en realidad no lo es. Se trata de un fresco, también obra de Pozzo, que simula una oquedad que no existe.
Dice la leyenda que los habitantes del barrio se negaron a que la cúpula se construyera porque «les quitaba el sol» aunque pudo ser, y esta versión tiene más fuerza, que por motivos económicos no pudieran costearla.

5-Caravaggio en Santa María del Popolo

En la Plaza del Popolo (del latín populus -chopos- por la abundancia de estos árboles) se hallan las dos iglesias gemelas, Santa María de los Milagros y Santa María de Montesanto y el obelisco Flaminio.
En el mismo espacio se encuentra el convento de Santa María del Popolo en el que, fascinantemente, puede contemplarse el arte del pintor italiano Caravaggio sin cortapisas, casi sin colas y de manera gratuita.
La «Crucifixión de San Pedro» y la «Conversión de San Pablo en el camino de Damasco», de Caravaggio, son dos óleos sobre lienzos encargados por monseñor Tiberio Cerasi en 1600. Ambos santos representan los cimientos de la iglesia, el primero, pondría «la roca sobre la que se erigirá la iglesia» y el segundo quien fundara la sede de la iglesia en Roma.
A ambos hay dedicada una iglesia a las afueras de Roma, San Pedro Pablo, con unas escaleras centrales blancas y verdes jardines a cada lado que recuerdan ligeramente al Montmartre de París...

EL PRINCIPIO DEL FIN DE LA MAGNA CARTAGO...


Tras largos años de trabajo, un equipo de investigadores españoles de la Universidad de Jaén ha conseguido toda una hazaña arqueológica: identificar el lugar exacto de labatalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia de Jaén. Gracias a un Sistema de Información Geográfica (SIG), los arqueólogos han logrado reconstruir paso a paso la batalla, los avances de las tropas, las escaramuzas cuerpo a cuerpo y la situación de los campamentos de ambos bandos.

"Entonces Escipión da orden a los vencedores de lanzarse sobre el centro de la formación, reparte con Lelio las tropas restantes y le manda rodear la colina por el lado derecho hasta encontrar un camino de subida menos pendiente; él describiendo un pequeño arco por la izquierda, se lanza sobre el flanco enemigo".

De esta forma tan gráfica, el historiador romano Tito Livio describe la estrategia de combate de Publio Cornelio Escipión, el Africano, durante la cruenta batalla de Baecula, librada contra un ejército cartaginés de más de 20.000 hombres comandado por Asdrúbal Barca, hermano del mismísimo Anibal. Estamos en el año 208 Antes de Cristo y esa batalla supone, precisamente, el primer gran enfrentamiento de Escipión contra los cartagineses después de tomar el mando del ejército de Roma en la Península Ibérica. La batalla forma parte de la Segunda Guerra Púnica y resultó clave para el dominio del Mediterráneo hace ya más de 2.200 años.

Gracias a una estrategia envolvente, y a pesar de que el enemigo se había instalado en lo alto de una meseta protegida por dos escarpados riscos en sus flancos y un río en la retaguardia, Escipión logró vencer a Asdrúbal, que tras su derrota no tuvo más remedio que huir al norte, hacia los Pirineos, para desde allí penetrar en las Galias y preparar después un ataque contra Roma. Fue el principio del fin del dominio cartaginés sobre la Península Ibérica.

El lugar de la batalla



Pero, ¿dónde se celebró exactamente esta importante batalla? ¿Y dónde están sus restos? Basándose en las prolijas descripciones de Tito Livio yPolibio (ver recuadro adjunto), se pensaba hasta ahora que el escenario se encontraba muy cerca de Bailén, pero un equipo del Instituto Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI), de la Universidad de Jaén, dirigido por Arturo Ruiz y Juan Pedro Bellón ha conseguido, tras largos años de investigación y la ayuda de las más modernas tecnologías, determinar que el escenario exacto de la batalla fue elCerro de las Albahacas, en el término municipal de Santo Tomé (Jaen). La revista Archaeology acaba de publicar un extenso artículo sobre la investigación.
Ha sido un esfuerzo titánico. En palabras de Arturo Ruiz, "una labor de detectives que nos ha llevado largos años de búsqueda y para la cual no teníamos más que los textos históricos". Amplias zonas del valle del Guadalquivir tuvieron que ser rastreadas en busca de coincidencias con las descripciones de Tito Livio y Polibio. "Utilizamos incluso Google Maps para buscar las zonas que mejor encajaban con lo que andábamos buscando". Hubo que descartar por lo menos una docena de localizaciones hasta encontrar un lugar (el cerro de las Albahacas) que coincidía punto por punto con las descripciones históricas y que parecía ser el candidato perfecto para ser el tan buscado campo de batalla. Pero había que demostrarlo.

Para completar el estudio, los arqueólogos del CAAI barrieron el cerro (una superficie de 40 hectáreas) durante cinco años más (entre 2006 y 2010) con detectores de metales y referenciaron la posición de cada objeto individual con GPS. Al final de la quinta campaña de prospección, el equipo de la Universidad de Jaén había recopilado 6.123 restos metálicos. Entre ellos, puntas de flecha y de lanza, diversos utensilios y, lo que sería más importante para la investigación posterior, un gran número de las tachuelas metálicas con las que los soldados romanos reforzaban sus sandalias.
Los romanos, en efecto, llevaban remaches de hierro incrustados en las suelas de cuero, para mejorar el agarre y limitar el deterioro del calzado durante las largas marchas. Pero esas pequeñas piezas, llamadas clavi caligarii, se desprendían con facilidad y quedaban sembradas por los campos que el ejército cruzaba. Al no tener un gran valor material, los remaches han permanecido in situ durante largos siglos y han podido ser localizados ahora por los detectores de metales de los arqueólogos. Son precisamente esas pequeñas piezas las que indican la localización de los campamentos, las rutas seguidas por los soldados y, lo que es más importante, los lugares donde tuvieron lugar las batallas.

El equipo tenía ahora una enorme cantidad de material recopilado, y cada una de las piezas encontradas localizada con precisión en un mapa. "Fue entonces cuando tuvimos la idea de recoger toda esa información en un Sistema de Información Geográfica (SIG), lo que nos proporcionó una visión de conjunto que antes no teníamos, y la posibilidad de hacerles preguntas concretas a los datos".
El software elegido fue Geomedia Professional, de Intergraph,compañía que inmediatamente se interesó por el proyecto y prestó todo el apoyo técnico y logístico necesario para su realización. Se creó una completa base de datos con cada una de las piezas debidamente georeferenciada y comenzó la que puede considerarse la fase decisiva de la investigación.
Resultó que la zona con mayor concentración de restos estaba, precisamente, en la parte más alta de la colina, y rodeada, como dicen los antiguos textos, por un ribazo muy abrupto. Era el campamento de Asdrúbal. Segmentando la información en el SIG, los investigadores comprobaron que era precisamente aquí donde se concentraba la mayor parte de los clavos y otros utensilios usados para el montaje de las tiendas.
De la misma forma, los arqueólogos pudieron determinar, a partir del número y la distribución de las tachuelas sobre el terreno, cuáles fueronlos movimientos de las tropas romanas durante el ataque, dónde se concentró el grueso del ejército de Escipión e, incluso, dónde tuvieron lugar los combates cuerpo a cuerpo. De pronto, como si se superpusiera una transparencia sobre un mapa, todo coincidía a la perfección y los ecos de la batalla de Baecula, más de 2.200 años después, volvía a resonar en el cerro de las Albahacas.
El equipo de Arturo Ruiz ha podido así reconstruir paso a paso los acontecimientos. Las tachuelas de las sandalias, los dardos, las fíbulas y las bullas revelaron la situación del campamento romano. La cerámica, las monedas y los restos de empalizada del campamento cartaginés, así como el lugar exacto, en lo alto de la colina, al que Asdrúbal trasladó a sus tropas para defenderse de la amenaza. Las tachuelas de las sandalias romanas y su distribución han permitido reconstruir con detalle el avance de las tropas y ponen de relieve la estrategia de "tenaza" utilizada por Escipión el Africano para rodear a su enemigo.
El "proyecto Baecula", sin embargo, no está cerrado. "Seguimos trabajando -explica Ruiz-, buscando más restos, más datos de campo y profundizando en los pormenores de la batalla. Quedan aún algunos interrogantes por resolver, y mucho trabajo por delante".

Así fue la batalla de Baecula


Cambio de campamento
Seguramente presionado por estas acciones cambio Asdrúbal de campamento a un lugar que según Polibio tenía “[...] un río que fluía a sus espaldas y delante de la empalizada había un llano defendido por un escollo lo suficientemente hondo para ofrecer protección; el llano era tan ancho que cabía en él el ejército cartaginés formado. Asdrúbal permaneció en este sitio; apostó día y noche centinelas en el escollo” (Polibio X 38, 8). Tito Livio lo describe así: “Por la noche, Asdrúbal replegó sus tropas a una altura que tenía una explanada en la parte más alta. Por detrás había un río y por delante y por los lados ceñía todo su contorno una especie de ribazo abrupto. En la parte baja había también otra planicie ligeramente inclinada, rodeada a su vez por un saliente igualmente difícil de escalar. Cuando al día siguiente vio Asdrúbal que el ejército romano estaba formado delante del campamento, hizo bajar a esta planicie inferior a estos jinetes númidas y a los baleares y africanos de armamento ligero” (Tito Livio XXVII 18, 5 a 7).
La batalla
La escenificación de la batalla queda perfectamente recogida en los dos autores. Tito Livio señala: “Escipión recorría sus filas y enseñas y les hacía ver cómo el enemigo, renunciando de antemano a la posibilidad de luchar en campo abierto, buscaba las alturas y estaba allí a la vista confiado en la posición y no en el valor y las armas; pero murallas más altas tenía Cartagena, y los soldados romanos las habían escalado; ni las alturas, ni la ciudadela, ni siquiera el mar habían resistido a sus armas. Las alturas que habían buscado les iban a servir al enemigo para escapar saltando por precipicios y despeñaderos, y él les iba a cortar también la huida por allí” (Tito Livio XXVII 18, 8 y 9).
Polibio opina que Escipión estuvo indeciso por la posición estratégica y segura del enemigo. “Esperó dos días, pero temía la llegada de los hombres de Magón y del otro Asdrúbal, el hijo de Giscón, con lo que se vería rodeado de enemigos. Decidió, pues, probar su suerte y tantear al adversario” (Polibio X 38, 10). Los pasos previos a la batalla se dirigieron a cercar al enemigo e impedirles apoyos, dice Tito Livio que “ordenó a una cohorte ocupar la entrada del valle por donde descendía el río, y a otra apostarse en el camino que llevaba de la ciudad a los campos serpenteando por la colina. Él, al frente de las tropas ligeras que el día anterior (según Tito Livio Escipión no espero dos dias) habían rechazado los puestos avanzados del enemigo, marchó contra los soldados de armamento ligero situados en la plataforma de más abajo (Tito Livio XXVII 18, 10 y 11).
Según Polibio, las tropas de Escipión eran “los vélites y una tropa escogida de infantería; y el general romano dispuso también el resto de sus fuerzas, pero de momento lo retuvo dentro de la acampada” (Polibio X 39, 1 y 2). Dice Tito Livio que “al principio avanzaron por terreno escarpado sin otro impedimento que las dificultades del camino; después, cuando estuvieron a tiro, cayó de pronto sobre ellos una enorme cantidad de armas arrojadizas de todas clases; ellos por su parte lanzaban piedras que el terreno ofrecía por todas partes, casi todas manejables, y no sólo los soldados sino también la masa de siervos mezclados con ellos. Pero a pesar de que el ascenso era dificultoso y casi los cubrían los dardos y las piedras, gracias a su práctica en escalar muros y a su tenacidad subieron los primeros. En cuanto éstos ocuparon un poco de espacio donde mantenerse a pie firme, desalojaron de la posición al enemigo, armado a la ligera y habituado a escaramuzas, combatiente seguro a distancia cuando se elude la batalla desde lejos a base de proyectiles, pero también carente de firmeza en la lucha cuerpo a cuerpo; causándole muchas bajas, lo empujaron hasta la formación que se mantenía en una parte más elevada de la colina” (Tito Livio XXVII 18, 11 a 14)
El ataque final
Polibio detalla que fue entonces cuando “[...] Escipión hizo entrar en combate a su infantería ligera, que debía apoyar a los que iniciaron la acción. El resto de sus fuerzas, lo tenía ya dispuesto, la mitad directamente a sus órdenes; con estos hombres dio un rodeo por el escollo y arremetió contra los cartagineses. El mando de la segunda mitad, lo confió a Lelio, con la orden de marchar contra el flanco derecho del enemigo. Estas operaciones se encontraban ya en pleno desarrollo, cuando Asdrúbal hacía salir todavía a sus hombres del campamento. Confiado en su posición, no se había movido de él, convencido de que el enemigo no se atrevería a atacar. Pero éste atacó, contra todas las previsiones del cartaginés, quien desplegó sus fuerzas demasiado tarde. Los romanos acometieron por las alas, en lugares donde el enemigo no había establecido posiciones, de modo que no sólo treparon sin riesgo por el escollo, sino que se establecieron en formación, se lanzaron contra los que les agredían sesgadamente y los mataron” (Polibio X 39, 3 a 6).
Tito Livio detalla que las fuerzas que avanzaban por el centro “[...] nunca lo habrían conseguido, dado lo accidentado del terreno, si se hubieran mantenido cerradas las filas con los elefantes colocados delante de las enseñas” (Tito Livio XXVII 18, 18 y 19); y termina relatando que “ya ni siquiera había espacio libre para la huida, pues las avanzadas romanas habían ocupado las salidas a la derecha e izquierda y, por otra parte, la puerta del campamento había sido cerrada al huir el general y los oficiales, sumándose a esto el pánico de los elefantes, tan temidos como el enemigo cuando se espantaban. En consecuencia, fueron muertos cerca de ocho mil hombres” (Tito Livio XXVII 18, 20).
La retirada de Asdrúbal
Polibio por su parte añade “según sus propósitos iniciales, Asdrúbal no luchó hasta el final; cuando vio a sus fuerzas huir derrotadas tomó su dinero y sus fieras, reunió el máximo número de fugitivos que le fue posible y se retiró siguiendo el río Tajo aguas arriba, en dirección a los puertos pirenaicos y a los galos que viven allí. Escipión no creyó oportuno acosar de cerca de los hombres de Asdrúbal, ya que él mismo temía el ataque de los otros dos generales, por lo que envió a sus soldados a saquear el campamento enemigo. Al día siguiente reunió a todos los prisioneros, unos diez mil soldados de infantería y más de dos mil jinetes, y dispuso personalmente de ellos. Los iberos que, en las regiones citadas, anteriormente habían sido aliados de los cartagineses, fueron y se entregaron a la lealtad de los romanos; a medida que se iban encontrando con Escipión, lo llamaban rey “(Polibio X 39, 7 a 9, 40, 1 y 2)....

miércoles, 9 de abril de 2014

Un asteroide gigantesco chocó con la Tierra hace 3.260 millones de años...


Hace unos 3.260 millones de años debió chocar con nuestro planeta un asteroide gigantesco, entre tres y cinco veces mayor que el provocó extinciones masivas en la Tierra, incluida la de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Era la época que los científicos denominan el período de bombardeo masivo tardío, hace entre 3.000 y 4.000 millones de años, y los primeros seres vivos, microorganismos, debieron ver afectado radicalmente su entorno. Unos investigadores estadounidenses, a raíz de sus estudios de una peculiar formación geológica en Sudáfrica, han reconstruido la colisión. El asteroide, de entre 37 y 58 kilómetros de diámetro, debió hacer un cráter de 500 kilómetros de diámetro (dos veces y media mayor que el de los dinosaurios), generaría un terremoto de magnitud superior a 10.8 y las ondas sísmicas se propagarían por todo el planeta desencadenando otros grandes seísmos; tsunamis mucho más grandes de los que conocemos barrerían todos los océanos…. La velocidad de impacto del asteroide sería de unos 20 kilómetros por segundo.

Las hipótesis de los científicos contaban ya con estos cataclismos gigantescos en el pasado remoto del planeta, pero hasta ahora no habían podido determinar su escala, afirman los investigadores, que presentan sus conclusiones en la revista Geochemistry, Geophysics, Geosysems, de la Unión Geofísica Americana (AGU) estadounidense. Los expertos, liderados por Norman H. Sleep, de la Universidad de Stanford, modelizan, por primera vez, el tamaño del asteroide y el efecto que tuvo la colisión en el planeta, resalta la AGU.


Se estima que el asteroide de los dinosaurios liberaría más de mil millones de veces más energía que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y el de hace 3.260 millones de años, muchísima más. Los científicos describen los efectos en todo el planeta: la atmósfera se llenaría de polvo y la superficie de los océanos herviría; el cielo se pondría rojo de puro calor y el impacto lanzaría al aire roca vaporizada que envolvería todo el planeta, que se condensaría en gotas que caerían al suelo ya solidificadas. Desde luego la vida primitiva se vería afectada por los efectos masivos en la corteza terrestre, e incluso la tectónica de placas. Los cambios ambientales, sugieren los investigadores, bien pudieron barrer muchos organismos microscópicos primitivos existentes en aquel momento dejando hueco a la evolución de otros que aprovecharían el vacío, como ha sucedido en otras extinciones masivas.


En un planeta tan dinámico como la Tierra, no cabe contar con la supervivencia, más de 3.000 millones de años después, del cráter de impacto tal cual. La erosión, la actividad de la corteza terrestre y otras fuerzas que configuran la superficie habrían destruido los lugares de choque de aquellos objetos celestes durante la era del gran bombardeo tardío. Pero el equipo de Sleep ha dado con las pistas del acontecimiento en el denominado cinturón de rocas verdes de Barberton, un área de unos cien kilómetros de longitud y 60 de ancho al este de Johannesburgo, con rocas que son de las más antiguas del planeta. El impacto no sería allí mismo sino a miles de kilómetros sin que estos expertos puedan indicar exactamente dónde, pero la formación geológica de Barberton y sus fracturas características encajan con los efectos del gran impacto de un asteroide que los investigadores reconstruyen ahora.

lunes, 7 de abril de 2014

LA VERDAD SOBRE EL LIBRO DE LA UNIVERSIDAD DE HARVARD DE PIEL HUMANA..


«La encuadernación de este libro es todo lo que queda de mi querido amigo Jonas Wright, que fue desollado vivo». Esta inscripción aparecida en un libro del siglo XVII que ahora guarda la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard ha hecho pensar durante mucho tiempo que el tomo estaba encuadernado con piel humana. Nada que ver con la realidad. Una serie de pruebas científicas han mostrado que, en realidad, el manuscrito está cubierto con una sencilla y mucho menos grotesca piel de oveja.

El material de encuadernación del libro de Derecho español publicado en 1605-1606 se determinó después de un análisis de nueve muestras de su cubierta, empastada y pegada, según ha explicado Karen Beck, una conservadora de libros en la biblioteca de la Escuela de Derecho de Harvard. La científica llevó a cabo las pruebas usando una técnica para identificar proteínas llamadas huellas peptídicas, útiles para diferenciar las muestras de otras fuentes de pergamino como bueyes, venados, cabras y piel humana. El pegamento contenía colágeno de buey y cerdo.


Conservadores, dermatólogos y otros expertos han estudiado el libro durante años por la sugerente inscripción en su última página que dice: «La encuadernación de este libro es todo lo que queda de mi querido amigo Jonas Wright, que fue desollado vivo por los Wavuma en el cuarto día de agosto de 1632. El rey Mbesa me dio el libro como una de las pocas posesiones del pobre Jonas, junto con abundante piel para encuadernarlo. Descanse en paz».
El libro llegó a la Escuela de Derecho de Harvard en 1946, ha señalado Beck. Podría haber tenido una encuadernación diferente en algún momento de su historia, de acuerdo con Beck, lo que podría explicar la mención en 1632 de un libro publicado en 1605-1606.
Beck se preguntó si alguien escribiría esa inscripción si Jonas Wright hubiera sido en realidad el nombre de una oveja, pero cree que, en lugar de eso, podría haber sido el producto de la macabra imaginación de alguien.

Bibliopegia antropodérmica



La práctica de encuadernar libros con piel humana, llamada bibliopegia antropodérmica, fue en el pasado una práctica común y se ha hecho al menos desde el siglo XVI, según la publicación del blog de la biblioteca de Harvard. Las confesiones de criminales eran en ocasiones encuadernadas con su propia piel y había personas que querían ser recordadas por su familia o seres queridos en forma de libro encuadernado con su piel.
Harvard tiene otros dos libros encuadernados con piel humana. Uno sobre meditación del alma publicado por el escritor francés Arsène Houssaye en el siglo XIX y una edición de la Metamorfosis de Ovidiopublicada en el siglo XVI.

sábado, 5 de abril de 2014

Un Jack el Destripador con cráneo de neandertal...EL SACAMANTECAS


Constancio Bernaldo de Quirós, el regeneracionista al que se reconoce como padre de la criminalística española junto a Giner de los Ríos, lo describió muy gráficamente en el informe forense que acompañó a la sentencia judicial que condenaba al “sacamantecas” a morir en el garrote vil: “su cráneo, su frente parece la de un neandertal. Mandíbulas prominentes. Es un macho brutal, un monstruo. Su rostro está lleno de asimetrías. Un enigma de la moderna antropología. Y en los crímenes algo extraño le ha obligado a actuar. El dice que ha sido el demonio”.
Pero no fue el único destacado estudioso del crimen del último tercio del siglo XIX que se interesó por este caso. Ramón Apráiz, el más afamado médico vasco del momento reunió un equipo de once forenses de entre todas las eminencias europeas –franceses, belgas, alemanes,..- para estudiar los componentes psicológicos de sus crímenes. Concluyeron, por unanimidad, que era consciente de sus actos y que no padecía ninguna enajenación mental.

Los alguaciles que realizaron la investigación, dirigidos por Pío Fernández de Pinedo, lograron reconstruir seis asesinatos y cuatro tentativas frustradas cometidos por Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña, conocido por sus vecinos como “el zurrumbón”, mote heredado de su primeras esposa, y que ha pasado a la historia como el “sacamantecas”.
Sus padres, Nicolás Díaz de Garayo y Norberta Ruiz de Argandeña, unos campesinos de pocos recursos y con un serio problema de alcoholismo, intentaron colocar a sus hijos al servicio de propietarios y artesanos de la zona próxima a Eguilaz, el pequeño pueblo alavés en el que vivían. Juan pasó por varias fincas hasta que, ya cercano a los quince años, se colocó como criado al servicio de un herrero con taller propio en Alegría. Sus informes fueron siempre buenos y gracias a ellos se colocó como encargado en la casa y explotación de una viuda joven, apodada “la zurrumbona” con la que acabó casándose. Era el año 1850 y a sus 29 años empezó a formar una familia. Tuvo cinco hijos, de los que dos murieron a edad muy temprana, los otros tres, una chica y dos chicos, vivieron en un ambiente familiar sereno, aunque marcado por la austeridad de la madre que manejaba el dinero con cautela.


En las varias biografías que existen sobre el  “sacamantecas” se refleja esta época como la más tranquila de su vida. Pero en 1963 murió repentinamente “la zurrumbona” por causas naturales. Juan Díaz decidió casarse nuevamente para que una mujer se hiciera cargo de la casa y de la educación de sus hijos, pero su segunda esposa falleció siete años después del matrimonio. No sin antes conseguir enfrentarse a los tres hijos adolescentes escaparan de la casa ante los continuos enfrentamientos con su madrastra.

Tras la muerte de su segunda esposa, causada por la viruela, volvió a casarse con una mujer que padecía un fuerte alcoholismo y que falleció una noche, por causas naturales, asistida por el médico local. El “sacamantecas” no sabía estar solo, según afirmó en el interrogatorio del juicio, y volvió a casarse, ya con 55 años, con una viuda mayor que él, Juana Ibisate, con la que seguía casado cuando fue detenido y ejecutado. 

El primer asesino en serie de la historia de España

Fue durante los últimos años de su segundo matrimonio cuando empezó a cometer sus brutales asesinatos el que está considerado como el primer asesino en serie de la historia de España.
Su modus operandi siempre coincidía. Se acercaba a mujeres –o niñas- a las que ofrecía mantener relaciones sexuales. Cuando estas se negaban las violaba, luego las estrangulaba y mutilaba sus cuerpos llegando a derramar sus vísceras.
Su primera víctima fue una prostituta de Vitoria a la que regateó el precio. Como ella rechazó prestar sus servicios por menos de cinco reales, él la forzó y la estranguló arrojándola después al río Errekatxiki, donde su cadáver sería encontrado al día siguiente. Era el 2 de abril de 1870.
El segundo asesinato que lograron recomponer los alguaciles dirigidos por Fernández de Pinedo, fue cometido el 12 de marzo de 1871. La víctima fue una viuda empobrecida a la que Juan convenció para mantener relaciones a cambio de dinero. Al no ponerse de acuerdo con la cantidad, la estranguló y abandono su cuerpo en las afueras de Vitoria. Los investigadores relacionaron los dos casos, pero la falta de pruebas impidió que se resolvieran.
En agosto del año siguiente, la brutalidad de la actuación del “sacamantecas” aumentó al fijar como objetivo una niña de tan sólo trece años a la que violó, asesinó y mutiló. Por aquel entonces, la fama del criminal ya se extendía por toda la provincia y, llegada a una hora de la tarde, era difícil ver a mujeres solas caminando por la calle.


Solamente tres semanas después del asesinato de la niña, vuelve a cometer otro crimen, esta vez reproduciendo el primero que realizó. Eligió a una prostituta joven a la que ofreció poco dinero. Como ella se negó, la violó y, tras asfixiarla abrió su vientre y sacó parte de sus vísceras. 


Durante los siete años siguientes pareció que el criminal había desaparecido, pero volvió con energías renovadas los días 7 y 8 de septiembre de 1879. Primero asesinó a una joven de 25 años, después a una mujer de 52. El patrón criminal fue idéntico al de las ocasiones anteriores, incluidas las mutilaciones en el cuerpo de sus víctimas.

¿Era el “sacamantecas” un asesino a sueldo?

En los años posteriores a su condena se hizo popular una versión que en ningún caso se refleja en la sentencia judicial. Eran los años en los que la tuberculosis hacían estragos en España. El propio rey Alfonso XII murió como consecuencia de la tisis. Las curanderas, sobre todo en las zonas rurales del norte, hicieron correr un bulo de que existía la posibilidad de curar esa dolencia, casi convertida en epidemia en la España de la segunda mitad del XIX, con un ungüento realizado a base de grasa corporal humana.
Llegó a decirse que este criminal trabajaba a sueldo de algunas personas económicamente pudientes y sin escrúpulos que le contrataban para obtener “manteca humana” con la que fabricar el potingue con el que sanar a sus familiares.
Hasta tal punto se reprodujo esta versión entre los medios más socialmente concienciados, eran los años de la llegada del socialismo y el anarquismo a España, que las autoridades tuvieron que hacer públicos informes forenses que desmentían esa versión

Captura, juicio y ejecución

La captura del “sacamantecas” fue casual. Entraba andando a un pueblo. Su aspecto había empeorado mucho y su ropa estaba sucia. La imagen era la de un monstruo. Una niña de cinco años que jugaba en la calle, al verle, se asustó y empezó a gritar: “¡El sacamantecas, es el sacamantecas!”. Los vecinos pensaron que Juan Díaz de Garayo había intentado abusar de ella. Entre varios hombres lo redujeron y los condujeron al cuartel de la Guardia Civil. Allí se le interrogó, y ante la sorpresa de los agentes, tras realizarse las primeras preguntas de rigor para la filiación, se vino abajo y lo confesó todo.
El juicio se celebró durante el mes de abril de 1981. Fue muy rápido, a pesar de la cantidad de periciales que se practicaron, muchas más de las normales por aquellos tiempos. Los diez médicos forenses que le investigaron consideraron que era consciente de sus actos. El criminólogo Bernaldo de Quirós también apoyó la condena.



Un mes después, el más reputado verdugo de la época, que prestaba sus servicios como titular de su plaza en Burgos, llegaba a Vitoria. Era Gregorio Mayoral Sandino. El 11 de mayo, a las ocho de la mañana, giró el torno del garrote vil en el que había sido ajustado el “sacamantecas”. Mayoral hizo honor a su fama y el primer giro rompió las vértebras del criminal que terminó sus días muriendo por asfixia.


Así, dieciocho años antes de que Jack “el destripador” saltara a la fama por sus crímenes en el distrito londinense de Whitechapel, en España ya habíaN condenado a su particular y macabro criminal. Con la diferencia de que la justicia española logró poner fin a sus desmanes y se pudo poner rostro a tan siniestro personaje, mientras que Scotland Yard sigue con el caso sin resolver...hundido en el misterio...

LA MISTERIOSA MOMIA EGIPCIA...QUE NO LO ERA...


La supuesta momia egipcia del Museo Darder de Banyoles no es tal. Es decir, no es egipcia, ni siquiera antigua. Tiene solo unos doscientos años y es de un individuo masculino de rasgos caucásicos, según ha revelado un estudio forense presentado esta mañana en el propio museo.

Que la momia egipcia de Banyoles era un fraude y tenía de egipcia lo que usted o yo era algo sabido desde hace años por los especialistas y oficialmente desde que en 2001 se publicó un pormenorizado estudio de todas las momias egipcias residentes en Cataluña, Baleares y Perpiñán, a cargo de un grupo de notables cazadores de momias entre los que figuraban restauradores, museólogos, paleopatólogos y egiptólogos (Eduard Porta, Josep Maria Xarrié, Llorenç Baqués, Domènec Campillo y Josep Padró). Ya entonces quedó claro que la momia adquirida por el inefable doctor Darder (comprador del polémico Negro de Banyoles) era falsa de solemnidad, que había sido confeccionada en tiempos modernos y consistía en un simple esqueleto unido con alambre y vendado.




El nuevo estudio, a cargo de un grupo de profesionales encabezados por el forense Narcís Bardalet -que ya lideró el análisis del africano disecado del Museo Darder-, destaca que no hay indicios de muerte violenta en el hombre momificado. Los expertos han señalado que la confección de la presunta momia egipcia se realizó en una época de gran comercio de antigüedades faraónicas que hacía muy rentable una falsificación.
Bardalet ha indicado que el cerebro no se extrajo del cráneo a la manera habitual en el embalsamamiento egipcio –rompiendo el etmoides y sacándolo por la cavidad nasal- sino a través del agujero magnum, donde se une el cráneo con la columna vertebral. Los brazos fueron fracturados, lo que se interpreta como una manera de aparentar la posición tradicional de una momia egipcia. Los estudios están a la espera de financiación para avanzar en sus pesquisas sobre el cuerpo momificado.


El Museo Darder cuenta con tres momias: la egipcia que no lo es, una peruana y otra mexicana, que también resultó no serlo. El Negro de Banyoles, que fue devuelto a Botsuana para su entierro, era un hombre disecado y no momificado....