viernes, 11 de abril de 2014

EL PRINCIPIO DEL FIN DE LA MAGNA CARTAGO...


Tras largos años de trabajo, un equipo de investigadores españoles de la Universidad de Jaén ha conseguido toda una hazaña arqueológica: identificar el lugar exacto de labatalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia de Jaén. Gracias a un Sistema de Información Geográfica (SIG), los arqueólogos han logrado reconstruir paso a paso la batalla, los avances de las tropas, las escaramuzas cuerpo a cuerpo y la situación de los campamentos de ambos bandos.

"Entonces Escipión da orden a los vencedores de lanzarse sobre el centro de la formación, reparte con Lelio las tropas restantes y le manda rodear la colina por el lado derecho hasta encontrar un camino de subida menos pendiente; él describiendo un pequeño arco por la izquierda, se lanza sobre el flanco enemigo".

De esta forma tan gráfica, el historiador romano Tito Livio describe la estrategia de combate de Publio Cornelio Escipión, el Africano, durante la cruenta batalla de Baecula, librada contra un ejército cartaginés de más de 20.000 hombres comandado por Asdrúbal Barca, hermano del mismísimo Anibal. Estamos en el año 208 Antes de Cristo y esa batalla supone, precisamente, el primer gran enfrentamiento de Escipión contra los cartagineses después de tomar el mando del ejército de Roma en la Península Ibérica. La batalla forma parte de la Segunda Guerra Púnica y resultó clave para el dominio del Mediterráneo hace ya más de 2.200 años.

Gracias a una estrategia envolvente, y a pesar de que el enemigo se había instalado en lo alto de una meseta protegida por dos escarpados riscos en sus flancos y un río en la retaguardia, Escipión logró vencer a Asdrúbal, que tras su derrota no tuvo más remedio que huir al norte, hacia los Pirineos, para desde allí penetrar en las Galias y preparar después un ataque contra Roma. Fue el principio del fin del dominio cartaginés sobre la Península Ibérica.

El lugar de la batalla



Pero, ¿dónde se celebró exactamente esta importante batalla? ¿Y dónde están sus restos? Basándose en las prolijas descripciones de Tito Livio yPolibio (ver recuadro adjunto), se pensaba hasta ahora que el escenario se encontraba muy cerca de Bailén, pero un equipo del Instituto Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI), de la Universidad de Jaén, dirigido por Arturo Ruiz y Juan Pedro Bellón ha conseguido, tras largos años de investigación y la ayuda de las más modernas tecnologías, determinar que el escenario exacto de la batalla fue elCerro de las Albahacas, en el término municipal de Santo Tomé (Jaen). La revista Archaeology acaba de publicar un extenso artículo sobre la investigación.
Ha sido un esfuerzo titánico. En palabras de Arturo Ruiz, "una labor de detectives que nos ha llevado largos años de búsqueda y para la cual no teníamos más que los textos históricos". Amplias zonas del valle del Guadalquivir tuvieron que ser rastreadas en busca de coincidencias con las descripciones de Tito Livio y Polibio. "Utilizamos incluso Google Maps para buscar las zonas que mejor encajaban con lo que andábamos buscando". Hubo que descartar por lo menos una docena de localizaciones hasta encontrar un lugar (el cerro de las Albahacas) que coincidía punto por punto con las descripciones históricas y que parecía ser el candidato perfecto para ser el tan buscado campo de batalla. Pero había que demostrarlo.

Para completar el estudio, los arqueólogos del CAAI barrieron el cerro (una superficie de 40 hectáreas) durante cinco años más (entre 2006 y 2010) con detectores de metales y referenciaron la posición de cada objeto individual con GPS. Al final de la quinta campaña de prospección, el equipo de la Universidad de Jaén había recopilado 6.123 restos metálicos. Entre ellos, puntas de flecha y de lanza, diversos utensilios y, lo que sería más importante para la investigación posterior, un gran número de las tachuelas metálicas con las que los soldados romanos reforzaban sus sandalias.
Los romanos, en efecto, llevaban remaches de hierro incrustados en las suelas de cuero, para mejorar el agarre y limitar el deterioro del calzado durante las largas marchas. Pero esas pequeñas piezas, llamadas clavi caligarii, se desprendían con facilidad y quedaban sembradas por los campos que el ejército cruzaba. Al no tener un gran valor material, los remaches han permanecido in situ durante largos siglos y han podido ser localizados ahora por los detectores de metales de los arqueólogos. Son precisamente esas pequeñas piezas las que indican la localización de los campamentos, las rutas seguidas por los soldados y, lo que es más importante, los lugares donde tuvieron lugar las batallas.

El equipo tenía ahora una enorme cantidad de material recopilado, y cada una de las piezas encontradas localizada con precisión en un mapa. "Fue entonces cuando tuvimos la idea de recoger toda esa información en un Sistema de Información Geográfica (SIG), lo que nos proporcionó una visión de conjunto que antes no teníamos, y la posibilidad de hacerles preguntas concretas a los datos".
El software elegido fue Geomedia Professional, de Intergraph,compañía que inmediatamente se interesó por el proyecto y prestó todo el apoyo técnico y logístico necesario para su realización. Se creó una completa base de datos con cada una de las piezas debidamente georeferenciada y comenzó la que puede considerarse la fase decisiva de la investigación.
Resultó que la zona con mayor concentración de restos estaba, precisamente, en la parte más alta de la colina, y rodeada, como dicen los antiguos textos, por un ribazo muy abrupto. Era el campamento de Asdrúbal. Segmentando la información en el SIG, los investigadores comprobaron que era precisamente aquí donde se concentraba la mayor parte de los clavos y otros utensilios usados para el montaje de las tiendas.
De la misma forma, los arqueólogos pudieron determinar, a partir del número y la distribución de las tachuelas sobre el terreno, cuáles fueronlos movimientos de las tropas romanas durante el ataque, dónde se concentró el grueso del ejército de Escipión e, incluso, dónde tuvieron lugar los combates cuerpo a cuerpo. De pronto, como si se superpusiera una transparencia sobre un mapa, todo coincidía a la perfección y los ecos de la batalla de Baecula, más de 2.200 años después, volvía a resonar en el cerro de las Albahacas.
El equipo de Arturo Ruiz ha podido así reconstruir paso a paso los acontecimientos. Las tachuelas de las sandalias, los dardos, las fíbulas y las bullas revelaron la situación del campamento romano. La cerámica, las monedas y los restos de empalizada del campamento cartaginés, así como el lugar exacto, en lo alto de la colina, al que Asdrúbal trasladó a sus tropas para defenderse de la amenaza. Las tachuelas de las sandalias romanas y su distribución han permitido reconstruir con detalle el avance de las tropas y ponen de relieve la estrategia de "tenaza" utilizada por Escipión el Africano para rodear a su enemigo.
El "proyecto Baecula", sin embargo, no está cerrado. "Seguimos trabajando -explica Ruiz-, buscando más restos, más datos de campo y profundizando en los pormenores de la batalla. Quedan aún algunos interrogantes por resolver, y mucho trabajo por delante".

Así fue la batalla de Baecula


Cambio de campamento
Seguramente presionado por estas acciones cambio Asdrúbal de campamento a un lugar que según Polibio tenía “[...] un río que fluía a sus espaldas y delante de la empalizada había un llano defendido por un escollo lo suficientemente hondo para ofrecer protección; el llano era tan ancho que cabía en él el ejército cartaginés formado. Asdrúbal permaneció en este sitio; apostó día y noche centinelas en el escollo” (Polibio X 38, 8). Tito Livio lo describe así: “Por la noche, Asdrúbal replegó sus tropas a una altura que tenía una explanada en la parte más alta. Por detrás había un río y por delante y por los lados ceñía todo su contorno una especie de ribazo abrupto. En la parte baja había también otra planicie ligeramente inclinada, rodeada a su vez por un saliente igualmente difícil de escalar. Cuando al día siguiente vio Asdrúbal que el ejército romano estaba formado delante del campamento, hizo bajar a esta planicie inferior a estos jinetes númidas y a los baleares y africanos de armamento ligero” (Tito Livio XXVII 18, 5 a 7).
La batalla
La escenificación de la batalla queda perfectamente recogida en los dos autores. Tito Livio señala: “Escipión recorría sus filas y enseñas y les hacía ver cómo el enemigo, renunciando de antemano a la posibilidad de luchar en campo abierto, buscaba las alturas y estaba allí a la vista confiado en la posición y no en el valor y las armas; pero murallas más altas tenía Cartagena, y los soldados romanos las habían escalado; ni las alturas, ni la ciudadela, ni siquiera el mar habían resistido a sus armas. Las alturas que habían buscado les iban a servir al enemigo para escapar saltando por precipicios y despeñaderos, y él les iba a cortar también la huida por allí” (Tito Livio XXVII 18, 8 y 9).
Polibio opina que Escipión estuvo indeciso por la posición estratégica y segura del enemigo. “Esperó dos días, pero temía la llegada de los hombres de Magón y del otro Asdrúbal, el hijo de Giscón, con lo que se vería rodeado de enemigos. Decidió, pues, probar su suerte y tantear al adversario” (Polibio X 38, 10). Los pasos previos a la batalla se dirigieron a cercar al enemigo e impedirles apoyos, dice Tito Livio que “ordenó a una cohorte ocupar la entrada del valle por donde descendía el río, y a otra apostarse en el camino que llevaba de la ciudad a los campos serpenteando por la colina. Él, al frente de las tropas ligeras que el día anterior (según Tito Livio Escipión no espero dos dias) habían rechazado los puestos avanzados del enemigo, marchó contra los soldados de armamento ligero situados en la plataforma de más abajo (Tito Livio XXVII 18, 10 y 11).
Según Polibio, las tropas de Escipión eran “los vélites y una tropa escogida de infantería; y el general romano dispuso también el resto de sus fuerzas, pero de momento lo retuvo dentro de la acampada” (Polibio X 39, 1 y 2). Dice Tito Livio que “al principio avanzaron por terreno escarpado sin otro impedimento que las dificultades del camino; después, cuando estuvieron a tiro, cayó de pronto sobre ellos una enorme cantidad de armas arrojadizas de todas clases; ellos por su parte lanzaban piedras que el terreno ofrecía por todas partes, casi todas manejables, y no sólo los soldados sino también la masa de siervos mezclados con ellos. Pero a pesar de que el ascenso era dificultoso y casi los cubrían los dardos y las piedras, gracias a su práctica en escalar muros y a su tenacidad subieron los primeros. En cuanto éstos ocuparon un poco de espacio donde mantenerse a pie firme, desalojaron de la posición al enemigo, armado a la ligera y habituado a escaramuzas, combatiente seguro a distancia cuando se elude la batalla desde lejos a base de proyectiles, pero también carente de firmeza en la lucha cuerpo a cuerpo; causándole muchas bajas, lo empujaron hasta la formación que se mantenía en una parte más elevada de la colina” (Tito Livio XXVII 18, 11 a 14)
El ataque final
Polibio detalla que fue entonces cuando “[...] Escipión hizo entrar en combate a su infantería ligera, que debía apoyar a los que iniciaron la acción. El resto de sus fuerzas, lo tenía ya dispuesto, la mitad directamente a sus órdenes; con estos hombres dio un rodeo por el escollo y arremetió contra los cartagineses. El mando de la segunda mitad, lo confió a Lelio, con la orden de marchar contra el flanco derecho del enemigo. Estas operaciones se encontraban ya en pleno desarrollo, cuando Asdrúbal hacía salir todavía a sus hombres del campamento. Confiado en su posición, no se había movido de él, convencido de que el enemigo no se atrevería a atacar. Pero éste atacó, contra todas las previsiones del cartaginés, quien desplegó sus fuerzas demasiado tarde. Los romanos acometieron por las alas, en lugares donde el enemigo no había establecido posiciones, de modo que no sólo treparon sin riesgo por el escollo, sino que se establecieron en formación, se lanzaron contra los que les agredían sesgadamente y los mataron” (Polibio X 39, 3 a 6).
Tito Livio detalla que las fuerzas que avanzaban por el centro “[...] nunca lo habrían conseguido, dado lo accidentado del terreno, si se hubieran mantenido cerradas las filas con los elefantes colocados delante de las enseñas” (Tito Livio XXVII 18, 18 y 19); y termina relatando que “ya ni siquiera había espacio libre para la huida, pues las avanzadas romanas habían ocupado las salidas a la derecha e izquierda y, por otra parte, la puerta del campamento había sido cerrada al huir el general y los oficiales, sumándose a esto el pánico de los elefantes, tan temidos como el enemigo cuando se espantaban. En consecuencia, fueron muertos cerca de ocho mil hombres” (Tito Livio XXVII 18, 20).
La retirada de Asdrúbal
Polibio por su parte añade “según sus propósitos iniciales, Asdrúbal no luchó hasta el final; cuando vio a sus fuerzas huir derrotadas tomó su dinero y sus fieras, reunió el máximo número de fugitivos que le fue posible y se retiró siguiendo el río Tajo aguas arriba, en dirección a los puertos pirenaicos y a los galos que viven allí. Escipión no creyó oportuno acosar de cerca de los hombres de Asdrúbal, ya que él mismo temía el ataque de los otros dos generales, por lo que envió a sus soldados a saquear el campamento enemigo. Al día siguiente reunió a todos los prisioneros, unos diez mil soldados de infantería y más de dos mil jinetes, y dispuso personalmente de ellos. Los iberos que, en las regiones citadas, anteriormente habían sido aliados de los cartagineses, fueron y se entregaron a la lealtad de los romanos; a medida que se iban encontrando con Escipión, lo llamaban rey “(Polibio X 39, 7 a 9, 40, 1 y 2)....

miércoles, 9 de abril de 2014

Un asteroide gigantesco chocó con la Tierra hace 3.260 millones de años...


Hace unos 3.260 millones de años debió chocar con nuestro planeta un asteroide gigantesco, entre tres y cinco veces mayor que el provocó extinciones masivas en la Tierra, incluida la de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Era la época que los científicos denominan el período de bombardeo masivo tardío, hace entre 3.000 y 4.000 millones de años, y los primeros seres vivos, microorganismos, debieron ver afectado radicalmente su entorno. Unos investigadores estadounidenses, a raíz de sus estudios de una peculiar formación geológica en Sudáfrica, han reconstruido la colisión. El asteroide, de entre 37 y 58 kilómetros de diámetro, debió hacer un cráter de 500 kilómetros de diámetro (dos veces y media mayor que el de los dinosaurios), generaría un terremoto de magnitud superior a 10.8 y las ondas sísmicas se propagarían por todo el planeta desencadenando otros grandes seísmos; tsunamis mucho más grandes de los que conocemos barrerían todos los océanos…. La velocidad de impacto del asteroide sería de unos 20 kilómetros por segundo.

Las hipótesis de los científicos contaban ya con estos cataclismos gigantescos en el pasado remoto del planeta, pero hasta ahora no habían podido determinar su escala, afirman los investigadores, que presentan sus conclusiones en la revista Geochemistry, Geophysics, Geosysems, de la Unión Geofísica Americana (AGU) estadounidense. Los expertos, liderados por Norman H. Sleep, de la Universidad de Stanford, modelizan, por primera vez, el tamaño del asteroide y el efecto que tuvo la colisión en el planeta, resalta la AGU.


Se estima que el asteroide de los dinosaurios liberaría más de mil millones de veces más energía que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y el de hace 3.260 millones de años, muchísima más. Los científicos describen los efectos en todo el planeta: la atmósfera se llenaría de polvo y la superficie de los océanos herviría; el cielo se pondría rojo de puro calor y el impacto lanzaría al aire roca vaporizada que envolvería todo el planeta, que se condensaría en gotas que caerían al suelo ya solidificadas. Desde luego la vida primitiva se vería afectada por los efectos masivos en la corteza terrestre, e incluso la tectónica de placas. Los cambios ambientales, sugieren los investigadores, bien pudieron barrer muchos organismos microscópicos primitivos existentes en aquel momento dejando hueco a la evolución de otros que aprovecharían el vacío, como ha sucedido en otras extinciones masivas.


En un planeta tan dinámico como la Tierra, no cabe contar con la supervivencia, más de 3.000 millones de años después, del cráter de impacto tal cual. La erosión, la actividad de la corteza terrestre y otras fuerzas que configuran la superficie habrían destruido los lugares de choque de aquellos objetos celestes durante la era del gran bombardeo tardío. Pero el equipo de Sleep ha dado con las pistas del acontecimiento en el denominado cinturón de rocas verdes de Barberton, un área de unos cien kilómetros de longitud y 60 de ancho al este de Johannesburgo, con rocas que son de las más antiguas del planeta. El impacto no sería allí mismo sino a miles de kilómetros sin que estos expertos puedan indicar exactamente dónde, pero la formación geológica de Barberton y sus fracturas características encajan con los efectos del gran impacto de un asteroide que los investigadores reconstruyen ahora.

lunes, 7 de abril de 2014

LA VERDAD SOBRE EL LIBRO DE LA UNIVERSIDAD DE HARVARD DE PIEL HUMANA..


«La encuadernación de este libro es todo lo que queda de mi querido amigo Jonas Wright, que fue desollado vivo». Esta inscripción aparecida en un libro del siglo XVII que ahora guarda la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard ha hecho pensar durante mucho tiempo que el tomo estaba encuadernado con piel humana. Nada que ver con la realidad. Una serie de pruebas científicas han mostrado que, en realidad, el manuscrito está cubierto con una sencilla y mucho menos grotesca piel de oveja.

El material de encuadernación del libro de Derecho español publicado en 1605-1606 se determinó después de un análisis de nueve muestras de su cubierta, empastada y pegada, según ha explicado Karen Beck, una conservadora de libros en la biblioteca de la Escuela de Derecho de Harvard. La científica llevó a cabo las pruebas usando una técnica para identificar proteínas llamadas huellas peptídicas, útiles para diferenciar las muestras de otras fuentes de pergamino como bueyes, venados, cabras y piel humana. El pegamento contenía colágeno de buey y cerdo.


Conservadores, dermatólogos y otros expertos han estudiado el libro durante años por la sugerente inscripción en su última página que dice: «La encuadernación de este libro es todo lo que queda de mi querido amigo Jonas Wright, que fue desollado vivo por los Wavuma en el cuarto día de agosto de 1632. El rey Mbesa me dio el libro como una de las pocas posesiones del pobre Jonas, junto con abundante piel para encuadernarlo. Descanse en paz».
El libro llegó a la Escuela de Derecho de Harvard en 1946, ha señalado Beck. Podría haber tenido una encuadernación diferente en algún momento de su historia, de acuerdo con Beck, lo que podría explicar la mención en 1632 de un libro publicado en 1605-1606.
Beck se preguntó si alguien escribiría esa inscripción si Jonas Wright hubiera sido en realidad el nombre de una oveja, pero cree que, en lugar de eso, podría haber sido el producto de la macabra imaginación de alguien.

Bibliopegia antropodérmica



La práctica de encuadernar libros con piel humana, llamada bibliopegia antropodérmica, fue en el pasado una práctica común y se ha hecho al menos desde el siglo XVI, según la publicación del blog de la biblioteca de Harvard. Las confesiones de criminales eran en ocasiones encuadernadas con su propia piel y había personas que querían ser recordadas por su familia o seres queridos en forma de libro encuadernado con su piel.
Harvard tiene otros dos libros encuadernados con piel humana. Uno sobre meditación del alma publicado por el escritor francés Arsène Houssaye en el siglo XIX y una edición de la Metamorfosis de Ovidiopublicada en el siglo XVI.

sábado, 5 de abril de 2014

Un Jack el Destripador con cráneo de neandertal...EL SACAMANTECAS


Constancio Bernaldo de Quirós, el regeneracionista al que se reconoce como padre de la criminalística española junto a Giner de los Ríos, lo describió muy gráficamente en el informe forense que acompañó a la sentencia judicial que condenaba al “sacamantecas” a morir en el garrote vil: “su cráneo, su frente parece la de un neandertal. Mandíbulas prominentes. Es un macho brutal, un monstruo. Su rostro está lleno de asimetrías. Un enigma de la moderna antropología. Y en los crímenes algo extraño le ha obligado a actuar. El dice que ha sido el demonio”.
Pero no fue el único destacado estudioso del crimen del último tercio del siglo XIX que se interesó por este caso. Ramón Apráiz, el más afamado médico vasco del momento reunió un equipo de once forenses de entre todas las eminencias europeas –franceses, belgas, alemanes,..- para estudiar los componentes psicológicos de sus crímenes. Concluyeron, por unanimidad, que era consciente de sus actos y que no padecía ninguna enajenación mental.

Los alguaciles que realizaron la investigación, dirigidos por Pío Fernández de Pinedo, lograron reconstruir seis asesinatos y cuatro tentativas frustradas cometidos por Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña, conocido por sus vecinos como “el zurrumbón”, mote heredado de su primeras esposa, y que ha pasado a la historia como el “sacamantecas”.
Sus padres, Nicolás Díaz de Garayo y Norberta Ruiz de Argandeña, unos campesinos de pocos recursos y con un serio problema de alcoholismo, intentaron colocar a sus hijos al servicio de propietarios y artesanos de la zona próxima a Eguilaz, el pequeño pueblo alavés en el que vivían. Juan pasó por varias fincas hasta que, ya cercano a los quince años, se colocó como criado al servicio de un herrero con taller propio en Alegría. Sus informes fueron siempre buenos y gracias a ellos se colocó como encargado en la casa y explotación de una viuda joven, apodada “la zurrumbona” con la que acabó casándose. Era el año 1850 y a sus 29 años empezó a formar una familia. Tuvo cinco hijos, de los que dos murieron a edad muy temprana, los otros tres, una chica y dos chicos, vivieron en un ambiente familiar sereno, aunque marcado por la austeridad de la madre que manejaba el dinero con cautela.


En las varias biografías que existen sobre el  “sacamantecas” se refleja esta época como la más tranquila de su vida. Pero en 1963 murió repentinamente “la zurrumbona” por causas naturales. Juan Díaz decidió casarse nuevamente para que una mujer se hiciera cargo de la casa y de la educación de sus hijos, pero su segunda esposa falleció siete años después del matrimonio. No sin antes conseguir enfrentarse a los tres hijos adolescentes escaparan de la casa ante los continuos enfrentamientos con su madrastra.

Tras la muerte de su segunda esposa, causada por la viruela, volvió a casarse con una mujer que padecía un fuerte alcoholismo y que falleció una noche, por causas naturales, asistida por el médico local. El “sacamantecas” no sabía estar solo, según afirmó en el interrogatorio del juicio, y volvió a casarse, ya con 55 años, con una viuda mayor que él, Juana Ibisate, con la que seguía casado cuando fue detenido y ejecutado. 

El primer asesino en serie de la historia de España

Fue durante los últimos años de su segundo matrimonio cuando empezó a cometer sus brutales asesinatos el que está considerado como el primer asesino en serie de la historia de España.
Su modus operandi siempre coincidía. Se acercaba a mujeres –o niñas- a las que ofrecía mantener relaciones sexuales. Cuando estas se negaban las violaba, luego las estrangulaba y mutilaba sus cuerpos llegando a derramar sus vísceras.
Su primera víctima fue una prostituta de Vitoria a la que regateó el precio. Como ella rechazó prestar sus servicios por menos de cinco reales, él la forzó y la estranguló arrojándola después al río Errekatxiki, donde su cadáver sería encontrado al día siguiente. Era el 2 de abril de 1870.
El segundo asesinato que lograron recomponer los alguaciles dirigidos por Fernández de Pinedo, fue cometido el 12 de marzo de 1871. La víctima fue una viuda empobrecida a la que Juan convenció para mantener relaciones a cambio de dinero. Al no ponerse de acuerdo con la cantidad, la estranguló y abandono su cuerpo en las afueras de Vitoria. Los investigadores relacionaron los dos casos, pero la falta de pruebas impidió que se resolvieran.
En agosto del año siguiente, la brutalidad de la actuación del “sacamantecas” aumentó al fijar como objetivo una niña de tan sólo trece años a la que violó, asesinó y mutiló. Por aquel entonces, la fama del criminal ya se extendía por toda la provincia y, llegada a una hora de la tarde, era difícil ver a mujeres solas caminando por la calle.


Solamente tres semanas después del asesinato de la niña, vuelve a cometer otro crimen, esta vez reproduciendo el primero que realizó. Eligió a una prostituta joven a la que ofreció poco dinero. Como ella se negó, la violó y, tras asfixiarla abrió su vientre y sacó parte de sus vísceras. 


Durante los siete años siguientes pareció que el criminal había desaparecido, pero volvió con energías renovadas los días 7 y 8 de septiembre de 1879. Primero asesinó a una joven de 25 años, después a una mujer de 52. El patrón criminal fue idéntico al de las ocasiones anteriores, incluidas las mutilaciones en el cuerpo de sus víctimas.

¿Era el “sacamantecas” un asesino a sueldo?

En los años posteriores a su condena se hizo popular una versión que en ningún caso se refleja en la sentencia judicial. Eran los años en los que la tuberculosis hacían estragos en España. El propio rey Alfonso XII murió como consecuencia de la tisis. Las curanderas, sobre todo en las zonas rurales del norte, hicieron correr un bulo de que existía la posibilidad de curar esa dolencia, casi convertida en epidemia en la España de la segunda mitad del XIX, con un ungüento realizado a base de grasa corporal humana.
Llegó a decirse que este criminal trabajaba a sueldo de algunas personas económicamente pudientes y sin escrúpulos que le contrataban para obtener “manteca humana” con la que fabricar el potingue con el que sanar a sus familiares.
Hasta tal punto se reprodujo esta versión entre los medios más socialmente concienciados, eran los años de la llegada del socialismo y el anarquismo a España, que las autoridades tuvieron que hacer públicos informes forenses que desmentían esa versión

Captura, juicio y ejecución

La captura del “sacamantecas” fue casual. Entraba andando a un pueblo. Su aspecto había empeorado mucho y su ropa estaba sucia. La imagen era la de un monstruo. Una niña de cinco años que jugaba en la calle, al verle, se asustó y empezó a gritar: “¡El sacamantecas, es el sacamantecas!”. Los vecinos pensaron que Juan Díaz de Garayo había intentado abusar de ella. Entre varios hombres lo redujeron y los condujeron al cuartel de la Guardia Civil. Allí se le interrogó, y ante la sorpresa de los agentes, tras realizarse las primeras preguntas de rigor para la filiación, se vino abajo y lo confesó todo.
El juicio se celebró durante el mes de abril de 1981. Fue muy rápido, a pesar de la cantidad de periciales que se practicaron, muchas más de las normales por aquellos tiempos. Los diez médicos forenses que le investigaron consideraron que era consciente de sus actos. El criminólogo Bernaldo de Quirós también apoyó la condena.



Un mes después, el más reputado verdugo de la época, que prestaba sus servicios como titular de su plaza en Burgos, llegaba a Vitoria. Era Gregorio Mayoral Sandino. El 11 de mayo, a las ocho de la mañana, giró el torno del garrote vil en el que había sido ajustado el “sacamantecas”. Mayoral hizo honor a su fama y el primer giro rompió las vértebras del criminal que terminó sus días muriendo por asfixia.


Así, dieciocho años antes de que Jack “el destripador” saltara a la fama por sus crímenes en el distrito londinense de Whitechapel, en España ya habíaN condenado a su particular y macabro criminal. Con la diferencia de que la justicia española logró poner fin a sus desmanes y se pudo poner rostro a tan siniestro personaje, mientras que Scotland Yard sigue con el caso sin resolver...hundido en el misterio...

LA MISTERIOSA MOMIA EGIPCIA...QUE NO LO ERA...


La supuesta momia egipcia del Museo Darder de Banyoles no es tal. Es decir, no es egipcia, ni siquiera antigua. Tiene solo unos doscientos años y es de un individuo masculino de rasgos caucásicos, según ha revelado un estudio forense presentado esta mañana en el propio museo.

Que la momia egipcia de Banyoles era un fraude y tenía de egipcia lo que usted o yo era algo sabido desde hace años por los especialistas y oficialmente desde que en 2001 se publicó un pormenorizado estudio de todas las momias egipcias residentes en Cataluña, Baleares y Perpiñán, a cargo de un grupo de notables cazadores de momias entre los que figuraban restauradores, museólogos, paleopatólogos y egiptólogos (Eduard Porta, Josep Maria Xarrié, Llorenç Baqués, Domènec Campillo y Josep Padró). Ya entonces quedó claro que la momia adquirida por el inefable doctor Darder (comprador del polémico Negro de Banyoles) era falsa de solemnidad, que había sido confeccionada en tiempos modernos y consistía en un simple esqueleto unido con alambre y vendado.




El nuevo estudio, a cargo de un grupo de profesionales encabezados por el forense Narcís Bardalet -que ya lideró el análisis del africano disecado del Museo Darder-, destaca que no hay indicios de muerte violenta en el hombre momificado. Los expertos han señalado que la confección de la presunta momia egipcia se realizó en una época de gran comercio de antigüedades faraónicas que hacía muy rentable una falsificación.
Bardalet ha indicado que el cerebro no se extrajo del cráneo a la manera habitual en el embalsamamiento egipcio –rompiendo el etmoides y sacándolo por la cavidad nasal- sino a través del agujero magnum, donde se une el cráneo con la columna vertebral. Los brazos fueron fracturados, lo que se interpreta como una manera de aparentar la posición tradicional de una momia egipcia. Los estudios están a la espera de financiación para avanzar en sus pesquisas sobre el cuerpo momificado.


El Museo Darder cuenta con tres momias: la egipcia que no lo es, una peruana y otra mexicana, que también resultó no serlo. El Negro de Banyoles, que fue devuelto a Botsuana para su entierro, era un hombre disecado y no momificado....

viernes, 4 de abril de 2014

El manuscrito más salvaje de Sade regresa a Francia...



El manuscrito de Los 120 días de Sodoma, del Marqués de Sade, fue robado a sus legítimos dueños por un editor sin escrúpulos en 1982. Tras ser escondido, vendido y peleado por dos familias durante un largo litigio judicial, la mítica obra escrita por el Divino Marqués mientras estaba preso por pederastia en la Bastilla, ha reaparecido en Ginebra, y ahora ha regresado a París de la mano de un emprendedor y bibliófilo francés, llamado Gérard Lhéritier, presidente y fundador del Museo de las Letras y los Manuscritos, una institución privada.

El nuevo propietario del pergamino sádico asegura haber dedicado tres años de negociaciones y pagado siete millones de euros por el original, que ha sido asegurado por Lloyds en 12 millones y se convierte así, según decía ayer la Agencia France Presse, en uno de los tres originales más caros depositado en Francia.
Los 120 días de Sodoma es una especie de catálogo interminable de perversiones sexuales y actos criminales en cascada y a granel. Cuatro hombres de entre 45 y 60 años, encerrados en pleno invierno en un castillo de la Selva Negra, someten a 600 abusos, sevicias y vejaciones de toda índole a 40 muchachas y muchachos, que sufren su poder y su violencia durante cuatro meses.

Casi dos siglos después de ser escrita, en 1976, la obra sería llevada al cine —Saló o los 120 días de Sodoma— por Pier Paolo Pasolini, que la releyó como una metáfora precursora del fascismo.
Donatien Alphonse François de Sade escribió el libro, el primero y de largo el más escatológico de los que redactó, en 1785, en su celda de la Bastilla y sin que sus captores se dieran cuenta. El marqués había sido condenado por abusar de varias niñas, y en 1777 se vio obligado a imaginar sus fantasías en la cárcel de Vincennes. De allí fue trasladado a la prisión de la Bastilla.
El 22 de octubre de 1785, el preso más culto de Francia se pone manos a la obra. Como no puede utilizar hojas grandes sin que se las confisquen, pasa hasta el 28 de noviembre escribiendo -con una caligrafía minúscula y rectilínea y a razón de tres horas diarias-, cada mínimo hueco de unos pequeños folios de 12 centímetros de anchura. Por las dos caras.
Ingenioso, el marqués decide ensamblar las hojas en un rollo de 12,10 metros de largo, que esconde cada día entre las piedras de su celda.
Unos años más tarde, durante los agitados días de julio de 1789, el pueblo de París toma la Bastilla. El día 2, el impenitente ateo y erotómano asiste a la revuelta desde su ventana y arenga a las masas, animándolas a quemar el palacio. Los empleados del Rey deciden trasladarlo, desnudo según la leyenda, al psiquiátrico de Charenton. Sus efectos personales y el legajo quedan atrás. El fuego destruye la Bastilla. Hasta su muerte en el psiquiátrico, en 1814, el marqués, que pasó entre rejas 27 años de los 74 que vivió, lamentaría la pérdida de su mayor obra. Poco antes de morir, dijo haber llorado “lágrimas de sangre”.

Pero, en realidad, el rollo no se había perdido. Alguien lo encontró entre las ruinas y dando muestras de evidente sadismo se lo vendió a otro marqués, el de Villeneuve-Trans, cuya familia lo conservó hasta finales del siglo XIX, para acabar vendiéndoselo al psiquiatra berlinés Iwan Bloch, que lo publicaría, lleno de errores, en 1904.
En 1929, Charles y Marie-Laure de Noailles, ella descendiente de Sade por parte de madre, adquieren el manuscrito y lo publican en una edición limitada a bibliófilos para evitar la censura. La buena pluma y la mala fama del marqués lo relegarían a la clandestinidad incluso después de muerto. En 1957, Jean-Jacques Pauvert, editor de Justine, fue condenado a destruir la edición por un tribunal de París aunque Georges Bataille y Jean Cocteau testificaron que se trataba de una obra maestra.
La historia moderna del rollo es otra novela en sí misma. El original se encuentra hoy en perfecto estado de conservación y será expuesto en septiembre en el Instituto de las Letras y los Manuscritos para conmemorar el 200 aniversario del filósofo, escritor, político y aristócrata. Pero ese final feliz es el epílogo a una rocambolesca batalla judicial que ha durado 25 años.


La hija de los Noailles, Nathalie, entregó en 1982 el rollo a un amigo, el editor Jean Grouet, junto a la partitura original de Noces, de Igor Stravinsky. Unos meses después, la inocente Noailles pide a Grouet que le devuelva el pergamino. Pero el editor le da una caja vacía, que según la leyenda tiene forma fálica. Grouet había vendido el 17 de diciembre el original de Sade al suizo Gérard Nordmann por 300.000 francos.
Noailles denuncia el caso a la Interpol y se abre una enconada lucha judicial. En 1990, Francia interviene, afirmando que el manuscrito robado debe ser restituido a sus dueños. En 1998, un tribunal federal suizo falla que Gérard Nordmann —que había fallecido en 1992— había comprado legalmente y de buena fe el documento.
Finalmente, hace tres años, sus herederos deciden vender el tesoro. Un francés rico lo compra por siete millones de euros. Ahora, Los 120 días de Sodoma regresan a la patria. Poco importa si el marqués, tan talentoso y genial como golfo y depravado, ha sido entretanto sepultado por el paso del tiempo y el imparable avance de la hipocresía y la mediocridad.
Queda, desde luego, el sustantivo: desde finales del XIX, sadismo se usa como antónimo de masoquismo en casi todas las lenguas del mundo para designar la satisfacción ligada al sufrimiento o la humillación infligida a alguien. Por poner un ejemplo reciente, hace solo unos días el cineasta finlandés Akis Kaurismäki, dijo: “No es capitalismo, es sadismo”.

miércoles, 2 de abril de 2014

LOS UNIVERSOS MULTIPLES Y EL BIG BANG EN UN CODICE DEL SIGLO XIII


La idea de que el Universo que conocemos no es el único, sino que puede ser uno entre muchos otros ha intrigado a los cosmólogos modernos desde hace algún tiempo, siempre con una gran polémica. Mientras unos pocos son partidarios de esta posibilidad, otros la rechazan por completo. Pero parece que este concepto de multiversoya pudo ser un tema de estudio en la Edad Media, según sugiere un texto en latín del siglo XIII.

Un equipo de científicos británicos ha llevado a cabo un estudio sobre este texto antiguo, llamado «De Luce», en el que se han encontrado indicios de que el filósofo inglés que lo escribió en 1225 ya jugaba con conceptos similares a los del multiverso. Se trata de Robert Grosseteste, considerado como «una de las mentes más deslumbrantes de su generación, alabado por sus sucesores como líder genio, teólogo, político y matemático».


Para descubrir las ideas de este filósofo, que las plasmó en el texto como si fueran ecuaciones matemáticas modernas, los investigadores utilizaron un ordenador para resolver estas ecuaciones, y para ver si eran capaces de ilustrar el Universo como Grosseteste lo había imaginado.

En esa época, el modelo cosmológico dominante fue el desarrollado porAristóteles, quien postuló que había nueve planetas (llamados esferas), una dentro de la otra, con el planeta Tierra en el centro. En «De Luce», Grosseteste supone que el Universo nació de una explosión que empuja todo, la materia y la luz, a partir de un solo punto, una idea que es sorprendentemente similar a la moderna teoría del Big Bang .

«Al principio, la materia y la luz estaban vinculados entre sí. Pero la rápida expansión llevó finalmente a un 'estado perfecto', con la cristalización de la luz-materia y la formación de la esfera exterior -el llamado 'firmamento'- del cosmos medieval», escribió el filósofo británico.
Además, asume que la materia cristalizada también irradiaba una luz especial, a la que llama «lumen». Ésta es irradiada hacia el interior, recolectando la materia «imperfecta» que se encuentra, un comportamiento similar a la forma en que las ondas de choque se propagan en una explosión de supernova.

Por su parte, la materia «perfecta» cristaliza en otra esfera incrustada dentro de la primera y también irradia luz. Eventualmente, en el centro, la materia «imperfecta» restante forma el núcleo de todas las esferas, la Tierra.


Una descripción «exacta»


Después de simular a través del ordenador las ecuaciones expuestas por el antiguo científico, los investigadores descubrieron que el Universo imaginado por Grosseteste podría haberse formado exactamente como él lo describió. «Sorprendentemente, la simulación por ordenador muestra que la descripción de Grosseteste es exacta», ha señalado el autor principal, Richard Bower.

«Los resultados nos dan una apreciación mucho más profunda de la ciencia en el siglo XIII», ha añadido. A su juicio, este estudio, aceptado en las actas de Royal Society A, demuestra que la comunidad científica moderna había «subestimado por completo la profundidad del argumento lógico en la Edad Media».

A pesar de este gran hallazgo, el razonamiento de Grosseteste tiene también sus fallos. Uno de ellos es que su teoría sólo funciona si hay el número correcto de las esferas celestes y si están correctamente ordenadas, lo que ocurre sólo si hay puntos de partida muy específicas. «Por sí solas, las leyes de Grosseteste no son suficientes para producir el Universo en el que pensó que vivía», ha apuntado Bower.
De hecho, el filósofo medieval se dio cuenta de este problema. Para hacer frente a ello, añadió una razón de más para explicar por qué había «exactamente nueve esferas celestes más una imperfecta Tierra», una explicación similar al razonamiento aplicado en la cosmología moderna.
Hoy en día, las leyes de la mecánica cuántica y la relatividad general se utilizan para explicar el origen del Cosmos, pero no nos dicen la cantidad de materia normal, la materia oscura y la energía oscura en el Universo. «Para explicar esto, los cosmólogos a menudo apelan a alguna nueva teoría, como una teoría de la supersimetría, por ejemplo», ha explicado Bower.
En otras palabras, los modelos actuales trabajan para sólo ciertos valores específicos, y si los valores son elegidos al azar, la explicación falla. Así, para satisfacer estas condiciones, algunos físicos sugieren que existe un multiverso, de manera que, cualquier resultado puede explicarse si no en la nuestra, en un universo vecino.
De la misma manera, si los parámetros en el modelo de Grosseteste se modifican, habrá un número diferente de esferas alrededor de la Tierra. Y aunque «De Luce» nunca menciona el término multiverso, Bower cree que el filósofo «parece darse cuenta de que el modelo no predice una solución única, y que hay muchos resultados posibles (..) Él tiene que escoger un Universo de todas las posibilidades», concluye.

miércoles, 26 de marzo de 2014

¿ EL SANTO GRIAL EN LEÓN ?


Dos pergaminos egipcios originales fechados en el siglo XIV han servido para que los historiadores medievales Margarita Torres Sevilla y José Miguel Ortega aseguren que el Santo Grial se encuentra en labasílica de San Isidoro de León. (IMAGEN) «La copa que las comunidades cristianas consideraron que era la Copa de Cristo es la que se trasladó a León en el siglo XI procedente de Egipto y después de pasar por Denia». Los dos documentos señalan que el cáliz fue enviado al rey de León Fernando el Grande o el Magno en el siglo XI, después de haber sido saqueado de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, donde había permanecido hasta entonces y desde el siglo IV.


La afirmación rotunda, «sin lugar a error» la hizo esta mañana Torres Sevilla, quien hoy compareció junto a Ortega del Río, durante la presentación del libro que ambos han escrito bajo el título 'Los reyes del Grial', en el que exponen las conclusiones de tres años de investigación y los argumentos que sustentan tan llamativo hallazgo.

El origen de la aventura que ha concluido con un descubrimiento que para sus responsables no da lugar a dudas, se encuentra en un trabajo de investigación que la Consejería de Cultura financió sobre las piezas de procedencia islámica que se encuentran en la basílica de San Isidoro. La localización de un arca de plata del visir Sadaqa ibn Yusufhizo que se enviase a un documentalista a Egipto para profundizar en el tema y el trabajo posterior dio con los pergaminos que han resultado claves para averiguar que la Copa de Jesús que le fue arrebatada a la comunidad cristiana de Jerusalén fue trasladada a León desde Denia, cuyo emir había respondido a la llamada de socorro lanzada desde Egipto durante una terrible hambruna.
La falta de una esquirla del cáliz, que saltó durante su viaje a Occidente es otro de los rasgos que apoyan la argumentación de los historiadores, soportada también con otros hallazgos documentales. «Ahora encajan todas las piezas de un enorme puzzle que estaban deslabazadas», señaló José Miguel Ortega, antes de reconocer que quedan muchas preguntas por responder sobre, por ejemplo, dónde estaba el cáliz hasta el año 400 o «por qué no sacó pecho el rey de León de tenerlo en su tierra».

200 supuestos Griales

Margarita Torres comentó que sólo en Europa hay «localizados» unos 200 supuestos Santos Griales y aseguró que el libro desmonta la supuesta autenticidad de algunos de los más afamados. «La Copa de Cristo que lo fue para las primeras comunidades de cristianos es la que se trasladó a León», reiteró antes de recordar que su apariencia original nada tiene que ver con la lujosa imagen que ofrece el hasta ahora conocido como el Cáliz de Doña Urraca, recubierto de oro y con joyas que la propia Urraca donó.
La historiadora también tuvo un recuerdo para el que fuera abad de San Isidoro, Antonio Viñayo, estudioso del que dijo, «fue el primero en apuntar la posibilidad de que el Santo Grial estuviese en León». Las pinturas del Panteón de los Reyes del templo, dijo, también avalan la afirmación que ahora puede tener repercusiones en el ámbito académico y también puede provocar un aumento de la visita de turistas 'de calidad' a León, además de los estudiosos del tema.
La Fundación Monteleón ha patrocinado la edición de una obra que, según destacó su máximo responsable, José Manuel Fernández Corral, merece el apoyo de la institución por sus «aportaciones históricas e implicación con León». La presentación tuvo lugar en el Edificio Botines de la capital leonesa y estuvo acompañada de una proyección de imágenes que documentaban algunos de los detalles aportados por los autores sobre su trabajo.